La conveniencia de cerrar o no la vetusta central de Santa MarÃa de Garoña ha vuelto a situar en primera lÃnea el debate sobre la utilización de la energÃa nuclear en España. Dimes y diretes al margen, en especial los evidenciados en el seno del PSOE y en el Gabinete de José Luis RodrÃguez Zapatero, el espejo de Europa refleja una renacida apuesta sin fisuras por esta fuente de energÃa. Reino Unido, Francia, Italia… El núcleo del Viejo Continente se ha declarado nuclear. España, mientras tanto, es una interrogación permanente.
La necesidad de afrontar el fuerte incremento de la demanda energética en el mundo, las restricciones y sanciones establecidas en el Protocolo de Kioto o la cada vez más patente dependencia del petróleo -acrecentada por la inestabilidad de los precios del barril de crudo y los gobiernos que lo proporcionan- constituyen el grueso del ramillete de argumentos aducido por las grandes potencias europeas para defender esta opción tan denostada por los grupos ecologistas.
Pros y contras
Desde el prisma de la objetividad, la energÃa nuclear tiene varios pros y diversos contras. Ni tanto ni tan poco. Sus ventajas: no emite gases de efecto invernadero, produce electricidad a precios asumibles y estables, garantiza el suministro eléctrico durante todo el año y reduce al mÃnimo la dependencia exterior. Sus inconvenientes: la gran inversión económica que hay que efectuar -una central media cuesta 4.000 millones de euros- y sobre todo, el potencial riesgo que se desprende de la elevada radioactividad de sus residuos. Los argumentos técnicos para decantar la balanza son muchos. Sin embargo, la polÃtica siempre acostumbra a tener la última palabra.
La renovada apuesta de las grandes potencias europeas por la energÃa nuclear volvió a tomar impulso en enero del 2008 después de que el Gobierno británico anunciara su intención de construir media docena de nuevas centrales a lo largo de la próxima década. El anuncio no fue baladà ya que además de la apuesta propiamente dicha hacia un tipo de energÃa muy discutida, ponÃa encima de la mesa un negocio de 23.100 millones de euros que ha concitado el interés de las grandes empresas eléctricas, como Iberdrola.
A finales del pasado enero, el testigo lo tomó Francia, paÃs nuclear por excelencia puesto que el 80% de la energÃa que consume procede de las 59 centrales que ya tiene operativas. El Gobierno liderado por Nicolas Sarkozy anunció la construcción de un nuevo reactor en la localidad de Penly, situada en el departamento de Seine-Maritime. Si se mantiene la hoja de ruta trazada, las obras comenzarán en el 2012 y estarán finalizadas en el 2017. Además, el paÃs galo tiene otro reactor de la misma tecnologÃa en construcción.
El último paso, de un gran carga simbólica, fue el acuerdo firmando por Sarkozy y el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, para relanzar la producción de energÃa atómica en el paÃs transalpino después de más de dos décadas de parón nuclear. El objetivo es que se pueda disponer de ella a partir del 2020 ya que el proceso de construcción de unas instalaciones de estas caracterÃsticas es muy complejo.
Pero Reino Unido, Francia e Italia no son los únicos paÃses europeos que han apostado por subirse al tren nuclear. También lo ha hecho en los últimos meses Finlandia o Suecia. En la Unión Europea, 15 de los 27 estados miembros tienen centrales operativas. Según los datos del Foro Nuclear español, los 146 reactores en funcionamiento producen un tercio de la electricidad consumida en el continente, además de dar empleo a 400.000 personas. En la actualidad, hay cuatro unidades en construcción: dos en Bulgaria, una en Finlandia y otra en Francia.
Alemania se descuelga
En el lado opuesto se encuentra el caso alemán. El gobierno de Angela Merkel se ha comprometido a seguir con el proceso de desmantelación de las actuales centrales, previsto para el 2020. Desde el 2001, se han clausurado dos, pero las 17 que todavÃa quedan abiertas generan un tercio de la energÃa que consume el paÃs, lo que podrÃa obligar al Ejecutivo germano a cambiar de paso sobre la marcha si no consigue encontrar alternativas reales. En este extremo también se encuentra Chipre, Malta o Irlanda.
En un contexto más amplio, la presencia de la energÃa atómica parece seguir los mismos pasos que Europa. En la actualidad y según los datos del Organismo Internacional de EnergÃa Atómica (OIEA), 436 reactores que existen en 31 paÃses producen el 17% de la electricidad que se consume en el mundo. Además, otras 44 unidades se encuentran en construcción en paÃses como China, India, Bulgaria, Japón, Rusia o Corea del Sur. A todos estos reactores se sumarán las centrales ya planificadas, nada menos que 200. Destaca el programa 2010 del Departamento de EnergÃa de Estados Unidos (DOE), donde hay una treintena de solicitudes en proceso de autorización.
Con un escenario internacional claramente pronuclear, España se enfrenta a la disyuntiva de apostar o no por una energÃa muy discutida. El PSOE, con José Luis RodrÃguez Zapatero al frente, lleva un lustro prometiendo un desmantelamiento paulatino de las centrales más vetustas, pero ya se sabe que las palabras se las lleva el viento.
Quien no parece tener dudas es el Foro Nuclear, la asociación que agrupa a las empresas españolas relacionadas con los usos pacÃficos de la energÃa nuclear, no sólo no hay que cerrar centrales, sino que es «imprescindible» construir más reactores. Asà lo asegura su presidenta, MarÃa Teresa DomÃnguez, quien cifra en 11.000 megawatios las necesidades energéticas del paÃs en el futuro. Para ello, pide alcanzar un gran pacto de Estado que permita en el horizonte del 2030 que España cuente con un mix eléctrico equilibrado: 30% renovable, 30% gas y carbón libre de emisiones y 30% nuclear -ahora, supone el 18% del total-.
DomÃnguez defiende con pasión las ventajas que reporta la energÃa atómica. Además de dar trabajo a 30.000 personas, explica, es la fuente energética que «más horas funciona al año». Respecto al riesgo que entrañan este tipo de instalaciones, asegura que las manifestaciones de los grupos ecologistas están «injustificadas», ya que su propósito es engañar a la sociedad.
Quien también habla de mentiras, de «engaños», es Carlos Bravo, responsable de la campaña energética de Greenpeace, quien refiere a los cuatro grandes fracasos de la energÃa nuclear: tecnológico, económico, medioambiental y social. «La tecnologÃa no ha conseguido resolver los graves problemas de seguridad que entraña. Si no es con ayudas estatales, no es viable construir una central por su altÃsimo coste. Todo ello no hace más que evidenciar la conveniencia de apostar por las energÃas renovables», recalca.
Entre las «grandes mentiras» difundidas por el lobby nuclear, Bravo se refiere a la teórica dependencia energética de España, «eso de que no queremos energÃa nuclear pero se la compramos a Francia». «España es más un exportador que un importador. No lo digo yo, lo dice Red Eléctrica Española», recalca. EnergÃa nuclear, ¿sà o no?
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